Almonacid Sabe…a vino 5/5 (1)

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Almonacid Sabe...

Nuestro amigo y colaborador Francisco Orós estuvo presente en la III Muestra de Bodegas de Almonacid de la Sierra, que ha cumplido en este año 2017 su tercer aniversario. Bajo el inequívoco nombre de “Almonacid Sabe…” y con la colaboración del Ayuntamiento de la localidad, seis bodegas se sumaron a este novedoso proyecto de enoturismo con la finalidad de dar a conocer su trabajo.

La organización decidió introducir, muy acertadamente, algunos cambios en relación a las dos ediciones previas. El recorrido “copa en mano” por las diferentes bodegas participantes quedó circunscrito a la tarde del sábado y la mañana del domingo, añadiendo a la programación pública una degustación de queso, jamón de Teruel y tapas, todo ello amenizado con música en directo en la Plaza de San Nicolás, verdadero corazón de Almonacid. El lunes se reservó para que las bodegas participantes pudieran presentar en primera persona su trabajo a los profesionales de hostelería de la provincia, y el sábado por la mañana se celebró el encuentro con blogueros al cual fuimos invitados y del que daremos cumplido detalle a continuación.
Almonacid Sabe…
A primera hora de la mañana acudimos al punto de reunión en la puerta de Viñedos y Bodegas Pablo. Allí nos reunimos con los demás bodegueros, quienes en sus propios vehículos todoterreno nos trasladaron hasta parajes increíbles donde pudimos ver viñedos de diferentes variedades, sobre suelos muy distintos y con orientaciones diversas. El azar quiso que eligiéramos el coche de Jesús, responsable junto con su hermano de Bodegas Manuel Moneva y coincidimos además con Nicolás, tal vez el bodeguero más joven de Almonacid, en su puesto como responsable técnico de la cooperativa San Nicolás de Tolentino, actualmente en plena transformación para poder optar a la certificación como cultivo ecológico. El breve trayecto por los caminos, en animada conversación, aderezada con el sonido de fondo de las botellas de vino que transportamos en el maletero y el tintineo de las copas, nos hizo presagiar que estábamos en el inicio de un gran día.
José Pablo dando indicaciones a pie de viñedo
La primera parada la hicimos en un viñedo de Vidadillo de aproximadamente 80 años de edad, variedad autóctona de Almonacid y cultivo emergente en recuperación que debe ser, en nuestra opinión, uno de los puntales de cara al futuro. Antaño conocida como “garnacha de grano gordo”, es una uva de ciclo largo y de desarrollo muy vigoroso que obliga a severas podas en verde para lograr bajas producciones que garanticen bayas concentradas y sabrosas. El viñedo que visitamos fue plantado originalmente en vaso, aunque posteriormente se transformó en espaldera para conseguir una aireación y una maduración adecuadas. Un pequeño aporte de riego por goteo garantiza la supervivencia de las plantas y es particularmente necesario en esos suelos calcáreos de canalejo donde el sol cae a plomo durante todo el verano, como bien pudimos comprobar. Allí mismo tuvimos la ocasión de catar de nuevo el Menguante Vidadillo de Viñedos y Bodegas Pablo, con toda su carga frutal y ese tanino maduro compensado con una acidez media y unos recuerdos lácteos procedentes de la fermentación maloláctica imprescindible en cualquier Vidadillo. Vino muy diferente a cualquier otro, longevo en botella y con una interesante evolución en copa. Inmejorable comienzo…
Almonacid Sabe…
Casi al lado visitamos un viñedo de Macabeo propiedad de Bodegas Manuel Moneva. Casi con la misma orientación, difiere del anterior no sólo por la variedad de uva, sino por conservar la plantación en vaso y sin riego alguno. Suelo de cantos rodados y cepas viejas de donde se obtiene el Almonac, monovarietal de Macabeo que salió del maletero del coche de Jesús aún con algo de hielo adherido a la botella. Teniendo en cuenta la temperatura ambiental, no es posible cuantificar cuántas vidas salvó ese vino aquel día. Nos pareció algo más alto de capa que el del año anterior, también con menos carbónico residual y un poco menos dulce, aunque igualmente delicioso y fácil de beber. Un gran número de los presentes en aquella viña lo afirman sin atisbo de duda…
Catar un “vino en rama”, privilegio al alcance de muy pocos
Para llegar a los siguientes viñedos, fue necesario un traslado algo más largo, ya que debimos salvar un desnivel de más de 300 metros por las faldas de la Sierra de Algairén. Poco a poco los suelos fueron cambiando hacia tonos más rojizos, no demasiado al principio, como bien pudimos comprobar en un extenso viñedo de Garnacha en espaldera con cuya uva se elabora el Menguante Garnacha que más tarde tuvimos ocasión de probar directamente del depósito en las instalaciones de Viñedos y Bodegas Pablo, un vino sin filtrar, todavía “en rama”, como se suele decir. Una explosión de fruta fresca y caramelo, una delicia que sin duda tendría su público si se comercializara tal cual, aunque no parece que el mercado esté preparado aún para ello.
Viñedo de Garnacha. Al fondo, una plantación de almendros
Algo más arriba, alcanzamos un viñedo de Garnacha en vaso, propiedad de la cooperativa San Nicolás de Tolentino, cuyos vinos cataríamos más tarde en su nave de elaboración y crianza. Fundada en 1945, sus instalaciones disponen de 22 depósitos de fermentación de acero inoxidable con capacidad para 40000 kilogramos de uva cada uno. Integrada actualmente por unos 80 socios, tiene una capacidad máxima para 5 millones de kilogramos de uva, aunque en las últimas campañas la media ha sido de 1,5 millones de kilogramos anuales. Como ya hemos comentado anteriormente, se encuentra en pleno proceso de reconversión para lograr la certificación como cultivo ecológico y le esperan un par de años difíciles. Sin duda el fin lo merece y le abrirá las puertas del cada vez más grande mercado internacional. Nuestros mejores deseos para el futuro.
Marqués de Almonacid y pan de vino
El catálogo de Bodegas San Nicolás de Tolentino se cimienta en tres vinos jóvenes monovarietales, de Macabeo el blanco y de Garnacha el rosado y el tinto, que bajo la denominación de Marqués de Almonacid, tuvimos la oportunidad de probar. De impecable factura y etiquetado clásico, nos sorprendió el que más el rosado, quizás por nuestra falta de costumbre con rosados de Garnacha, dulce y ácido a partes iguales, con sus frutillos rojos maduros, sin verdores ni herbáceos, detalles que valoramos enormemente en un rosado. El blanco y el tinto joven, resultones y atractivos, plenamente recomendables, al igual que el Taninus, segundo monovarietal de Vidadillo de la mañana, soberbio vino que une a su imponente presencia en botella borgoñona una personalidad única en cata: rojo picota de capa media alta, fruta madura y recuerdos fermentativos, taninos dulces bien integrados, generosa acidez y sabroso postgusto. Sin duda, una de las sorpresas de la jornada.
Viñedo de Garnacha Blanca a dos vertientes
Ganando lentamente altitud por el Camino de Los Royales, fuimos dejando atrás plantaciones de almendros y olivos, muchas de ellas en terrazas, hasta que llegamos a uno de los viñedos más bonitos que hayamos visto jamás. El paraje conocido como “La Santiaga” es propiedad de Viñedos y Bodegas Pablo, y en realidad es un viñedo adaptado al terreno: en una de sus laderas hay plantada Garnacha Blanca “al tresbolillo” para favorecer el laboreo de la tierra, mientras que en la ladera vecina la plantación es tipo “marco real” pero a dos vertientes, una más expuesta al sol de mañana y la otra al sol de tarde, con diferentes periodos de maduración entre ellas, lo cual complica todavía más la fecha de vendimia. Todo ello rodeado de espliego, manzanilla, endrinos y un precioso pinar. De esta viña de secano estricto, casi hostil, con suelos pizarrosos y producción tan escasa como 250 gramos por cepa, sale una maravilla que se llama Menguante Garnacha Blanca, aromático y fresco incluso en nariz, jugosamente ácido, de largo postgusto y muy gastronómico, todo concentración y potencia, tratándose de un vino blanco sin crianza.
Viñedos en espaldera (Bodegas del Señorío)
Una vez de regreso al llano, nos trasladamos hasta Bodegas del Señorío, posiblemente las que gozan de una mejor ubicación a las afueras de Almonacid, con la nave de elaboración rodeada de viñedos minimizan los periodos de traslado de la uva durante la vendimia. Elaboran exclusivamente vinos tintos y trabajan con variedades autóctonas (Garnacha, Tempranillo, Cariñena) e internacionales (Cabernet Sauvignon, Syrah). Con una clara vocación exportadora, especialmente hacia Europa del Este, algo que no sorprende una vez que se ha conocido a Iana Bespalko, máximo responsable de la bodega desde el año 2013, su catálogo incorpora vinos con y sin paso por barrica, línea moderna y línea clásica, monovarietales y coupages, siempre bajo la premisa de vinificar cada parcela por separado.
Midsummer (Bodegas del Señorío)
Realizamos la cata de tres de sus vinos: Viña Velerma GarnachaYañoria Cariñena (frutal, cárnico y sanguíneo, como cabría esperar de un monovarietal de Cariñena) y Midsummer, un ensamblaje secreto que no conseguimos que Iana confesara, a pesar de nuestra insistencia, probablemente Cabernet Sauvignon y Tempranillo, con o sin Garnacha, de correcto resultado y excelente presentación exterior. Probamos además durante la comida, el Coupage Clásico Crianza  que fue un acompañamiento ideal para las judías blancas y las carrilleras de ternera, menú veraniego donde los haya, perfecto para entonar el cuerpo después de una completa y calurosa mañana de visitas por los viñedos.
Almonac, vino de consagrar (Bodegas Manuel Moneva)
Para endulzar aún más el postre, se sirvió el célebre Vino de Consagrar que desde hace más treinta años suministran Bodegas Manuel Moneva a la Basílica del Pilar y a la Catedral de La Seo de Zaragoza, un vino diseñado para comunicarse con Dios, se elabora con Garnacha envejecida en roble americano a la que se añade Moscatel añejo durante su crianza. El resultado es verdaderamente místico, visualmente de color bronce, despliega en nariz un abanico de fruta desecada (higos, orejones, nueces) y lo confirma en boca, con recuerdos de miel y mermeladas. Menos voluminoso de lo esperado, no conviene abusar de él. Si los sacerdotes en cada misa sólo toman un poco, por algo será…
Ignius, filosofía vital convertida en vino
Un par de visitas más nos aguardaban por la tarde. Vinos Ignius, pasional microproyecto de Javier Sanz, quien una vez más nos embelesó con su discurso de respeto a la naturaleza e intercambio de energía, filosofía vital al servicio de la elaboración del vino. Y vaya vino que es el Ignius, mayoritariamente Garnacha con algo de Syrah, cultivada en altura sobre suelos pedregosos sin laboreo, con baja producción, vendimia manual en cajas, elaboración artesanal sin prisa alguna y crianza en barrica. Es imprescindible conocer a Javier para entender su vino.
Cartel en el interior de Bodegas Centenarias Manuel Moneva
La última bodega que visitamos fue en realidad un regreso a los orígenes. Como acostumbra a decir Jesús Moneva, cuando las cosas no se tienen claras, no hay como entrar en su bodega centenaria y allí mismo, al fresco de la cueva y con una copa de vino, se esclarecen del todo las ideas. Y así lo hicimos… No se pudo poner mejor final a esta magnífica jornada que brindando con una de esas Garnachas viejas de más de 100 años, más medicinales que otra cosa y que bien podrían recordar a un oloroso de Jerez. Tesoros que se conservan en la bodega centenaria de los hermanos Moneva, que no se comercializan, sólo se disfrutan in situ y con la única  e ineludible condición de ser merecedores de la amistad de los bodegueros de Almonacid de la Sierra.
A todos ellos, siempre les estaremos eternamente agradecidos.
Grupo de Blogueros invitados a la muestra.

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