El Canary Wine (Primer vino viajero del Atlántico) 5/5 (7)

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Viñedos Canarias - Foto de www.bowlerwine.com

Así llamaron los ingleses al vino que importaban de las Islas Canarias, siendo una de las primeras denominaciones geográficas de la historia moderna del Viejo Continente. Los primeros colonos españoles de las Islas Canarias compartían el tráfico marino con los portugueses y desde los primeros momentos se trajo de Madeira la caña, para la producción de azúcar en sus tierras. Con la caña llegó también la uva malvasía, aunque ya se contaba con otras variedades de uvas traídas directamente de la península ibérica, siendo los primeros vinos elaborados con variedades tales como la Torrontés en blancas y la Listán Negra en tintas.

Viñedos de suelos volcánicos en Gran Canaria, al fondo el volcán de Bandama. Foto de José Manuel Lustres
Las elaboraciones de vinos de Malvasía, desde el principio, fueron muy apreciadas y paulatinamente se fueron destacando del resto de vinos de otras variedades a los que los canarios llamaban “vidueños”. Fueron los comerciantes ingleses los que al importar los vinos canarios comenzaron a reconocer las virtudes del vino de malvasía. De esta manera el vino canario, el Canary Wine, fue el primero vino generoso del mundo objeto del recién creado comercio inter-atlántico. Se genera un gran tráfico comercial con relaciones interesante entre compradores de Bristol y productores canarios.
Durante casi trescientos años, la exportación de vinos sería el motor económico fundamental para el Archipiélago. Se tiene documentado que se llegó a superar la cantidad de 30.000 pipas de vinos en una cosecha. A este mercado se añadirían las colonias españolas y portuguesas de América.
Estos vinos, en su principal lugar de destino, Inglaterra, terminaban escanciados en las copas reales, en los más altos entornos sociales, en tabernas y hasta en la tenebrosa Torre de Londres donde un tonel lleno de sack de malvasía hizo de tumba al Duque de Clarence, hermano del rey, en pleno siglo XV, que pidió como favor especial para alegrar sus días de prisión. Lo que pretendía, y lo consiguió, era dar fin a su vida ahogándose embriagado en la aromática malvasía.
Tanta afición tuvieron los ingleses por el Canary que fue loado por numerosos poetas y artistas, nobles y militares famosos. En medio de Londres, una taberna, la Mermaid Tavern, era famosa por sus ilustres asiduos, literatos y poetas importantes de la Inglaterra del siglo XVII, ahí libaron los vinos canarios personajes como Shakespeare, Sir Walter Raleigh, Francis Beaumont, Ben Jonson. Este último poeta inmortalizó el nombre del vino canario en un famoso epigrama dedicado a la Mermaid Tavern . John Keats más tarde volvería a mencionarlo en su famoso poema “Lines of the Mermaid Tavern” conocido también como el Club de los Poetas Muertos, y resumido aquí: “Almas de los poetas muertos y desaparecidos … ¿Alguna vez habéis bebido algo más exquisito que el vino canario de mi anfitrión?”
Enamorados de la malvasía fueron reyes y héroes nacionales como Nelson, el cual, dolorido por el destrozo de su brazo en el desembarco fallido en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, encontraría consuelo en una pipa de sack canario cortesía entre caballeros de su vencedor español, el General Gutiérrez. Este gusto era compartido también en el continente, el Zar Alejandro I lo alabaría, Carlos III de España lo tendría como vino de cabecera al beberlo tres veces al día, el mismo Schubert lo celebra en un delicioso lied, teniendo muy cerca al Tokay, buena competencia.
Muchos comerciantes ingleses, antes que en otras regiones, vinieron a instalarse en las islas donde compraban, embotaban en pipas de aproximadamente 480 litros y enviaban los vinos a destinos europeos. Los puertos de embarque más importantes fueron los de La Palma, Puerto de la Cruz, Garachico, Santa Cruz y Las Palmas.
Antes, estos vinos debían contar con la autorización de su saca, pues así llamaban al vino que se exportaba al exterior del territorio. Este vocablo convertido en “sack” lo tomaron los ingleses para designar a los que en principio importaban de España, aunque terminaron llamando así a los vinos generosos y secos a diferencia con los otros dulces reforzados que traían del Mediterráneo.
El reforzado con aguardientes de estos vinos era una práctica necesaria para protegerlos de la navegación. De no encabezar los vinos, estos se “mareaban” al pasar el mar, como se decía entonces, malográndose por el camino. De esta manera terminaban con características comunes los vinos que trataban los comerciantes ingleses, que fueron los oportos, madeiras, jereces y canarys.
Es muy seguro que fueron los compradores los que inician estas acciones y con el tiempo las acometieron los bodegueros en origen. Hasta hace muy poco tiempo, en el Reino Unido, los jereces se bebían ricos en alcohol y dulces, desconociéndose los finos y manzanillas. Por lo tanto, los ingleses solo disfrutaron los vinos canarios, la Malvasía, en su forma reforzada, secos o ricos en azúcar.
La historia del Canary Wine discurrió paralela a la historia de Europa desde finales del siglo XV. Comenzaría con la implantación de la caña de azúcar y las vides en las recién colonizadas islas atlánticas. Conjuntamente España y Portugal compartirán un eje de islas atlánticas que discurre desde las Azores al norte, Madeira, Canarias y Cabo Verde al sur, conocidas todas actualmente como Islas Macaronésicas. En estas islas se desarrollarían industrias azucareras y prontamente surgirían elaboraciones de vinos con uvas traídas del viejo continente y de islas mediterráneas, como la Malvasía.
Pronto se inicia un tráfico incesante de la mano de comerciantes portugueses, españoles, genoveses, venecianos, malteses, franceses, flamencos, holandeses e ingleses. Puertos como los de Cádiz, Sevilla, Lisboa, Amberes, Amsterdam y Londres recibirán a las naves con mercancías de las islas atlánticas y entre ellas principalmente de las Islas Canarias. Cualquier turista que visite Londres constataría hoy la historia del comercio inglés con las Islas Canarias a la vista del Canary Wharf, los muelles canarios, testigos de largas relaciones comerciales entre la gran isla británica y las Canarias.
Existe un informe de las Cortes de Madrid que entregan a Felipe II en 1573, donde relata el declive de la industria de la caña de azúcar y el florecimiento de las plantaciones de vides y producción de vinos en las Islas Canarias. La expansión del vino canario canalizado por las rutas comerciales del Atlántico ya era un hecho consolidado. El envío a América de vinos, reportaría un gran descubrimiento: el vino de “retorno”, vino que adquiere gran calidad debido al remecido de las barricas por el balanceo de los barcos y el sufrimiento de mayores temperaturas por la navegación en latitudes tropicales. Las virtudes de este Canary Wine eran ambicionadas por piratas y corsarios. Drake se embarcaría en la aventura de invadir la Isla de Gran Canaria y de La Palma, sin resultados, en busca del deseado botín del Malvasía, siguiendo la política de expansión naval en las dos orillas del Atlántico de la reina Isabel de Inglaterra.
Ya entrado el siglo XVII, los ingleses que fueron acomodando negocios de exportación en las islas, llegan a crear la Compañía del Monopolio. Esta misma compañía, con el tiempo, al practicar acciones abusivas, inicia el principio del declive del Canary Wine. Las políticas nacionales y sus guerras adversas con España, hicieron derivar el negocio a la isla de Madeira y más tarde a Oporto. Portugal, una vez libre de la unión a la corona española volvió a ser la más antigua y mejor nación aliada de Inglaterra hasta estos últimos tiempos.
Por otro lado, el negocio del vino canario se vio obstaculizado por restricciones desde Sevilla con cupos de exportación, impuestos por la Casa de Contratación y el Consejo de Indias. Se tuvo que exigir para el puerto de La Palma, un Consulado del Mar y contar así con autonomía para poder embarcar mercancía. Se exportaba desde Canarias con imposiciones tales como las del Impuesto de Sangre, que consistía en acompañar la importación de cada 100 toneles, con cinco familias de canarios de cinco miembros, de cara a la colonización de las Indias españolas.
Grabado del siglo XVII del ataque del almirante Van der Does a Gran Canaria.
 El vino canario, todavía en siglo XVIII, mantendría su fama por algún tiempo. Muestra de ello fue su presencia en las importaciones a las colonias del norte de América. Se da por seguro que el Canary estuvo presente en la firma de la Carta de Independencia de los Estados Unidos de América, así le consta al tinerfeño Sr. Carlos Cólogan actual descendiente de la familia irlandesa de los Cólogan, exportadores de los vinos canarios de Tenerife, tras haberlo comprobado en los libros de venta de vinos de su familia durante el siglo XVIII.
El pasaje histórico de la fracasada invasión de Tenerife por parte de Nelson y su pipa de Malvasía ocurrido en el año 1797, nos hace ver que el Canary Wine mantenía su merecida fama entre marinos y comerciantes de todo el mundo.
Muestra de ello es el inventario del pañol de vinos de un navío de la Royal Navy en el año 1761:
3 barriles de 40 galones de vino de Messina
2 pipas de vino de Oporto
2 barriles de vino de Chipre
24 botellas de Champaña
200 botellas de Clarets (los futuros Burdeos)*
6 botellas de Frontenac
24 botellas de vino de Florencia
2 cajas de vino de Malvasía de Canarias
21 botellas de ron
Bergantín fondeado en la rada de Santa Cruz de La Palma. Foto de José Manuel Lustres
Toca ahora preguntarnos qué nos queda hoy, en el siglo XXI, de aquel Canary Wine. La respuesta está en un panorama ilusionante donde el viticultor y el vinificador canario luchan por sacar el máximo de calidad de sus variedades históricas, donde la Malvasía forma parte importante y destacada.
Hay una aventura común y comprometida, en todas las islas, de obtener vinos singulares, recurriendo a los factores de calidad, ya sea proveniente de las variedades de uvas, de los peculiarísimos suelos, del clima general de alisios atlánticos, de los diferentes microclimas isleños y de elaboraciones valientes e interesantes.
José Manuel Lustres
Canary Wine – Foto cedida
 Bibliografía consultada:
“El comercio canario europeo bajo Felipe II”
Autor: Manuel Lobo Cabrera
“El vino canario, Jonson, Keats y el club de los poetas muertos”
Autor: Manuel Mora Morales
“Un corsario al servicio de Benjamín Franklin”
Autor: Carlos Cologan Soriano
“Cosas viejas de la mar”
Autor: Armando Yanes Carrillo 

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