A la memoria de El Rafa (La herida de Jesús) 5/5 (2)

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1993
Parroquia Inmaculada Concepción - Fotografía cedida de Adolfo Loyola
Jesús. Iglesia del Pilar. Recoleta. Buenos Aires. Argentina. Adolfo Loyola Fotografía

La primera vez que pisé un restaurante fue a los 14 años. Recuerdo que salimos una noche con mi amigo de la vida, Gustavo Sarlingo. Fuimos a comer al “Rey del Vino” en la zona de Palermo. Nos recibió el gerente del local, Rafael Loyola, mi hermano. Ese día cenamos milanesas napolitanas con papas fritas, no podíamos terminar de comerlas por lo grandes que eran, a pesar de ser un manjar.

Toda mi carrera se la debo al Rafa, gracias a él encontré mi camino (lógicamente con el tiempo). Si me hubiera dicho en ese momento que iba a ser chef, me hubiera reído tanto, es más, hasta el día de hoy. Después de aquel día, sin saberlo, comenzó mi carrera (que escribiré en otro momento).

EL Rafa ya grande (hoy tendría 80 años, teniendo en cuenta que Don Adolfo Loyola, nació en el año 1920) deduzco, estaba buscando su retiro y jubilación. Compró dos puestos en Retiro, que pagó fortuna (así facturaba), en la Terminal de trenes de la estación San Martín. Cuando se le daba la gana se subía al tacho (taxi).

Un día el Rafa salió de su casa en el barrio porteño de Constitución con el taxi. Lo paró un niño de unos 12 o 14 años. Le pidió que lo llevará a Carrefour, un supermercado perteneciente a la cadena del mismo nombre, ubicado en Avenida La Plata (donde estaba el estadio de San Lorenzo de Almagro).

Circulando por la avenida, el chico le indica que gire sobre su derecha. De improviso le dice que pare a mitad de calle sobre la derecha. El Rafa realizó un movimiento que ningún tachero hace (girar hacia atrás para ver al cliente, todos utilizan el espejo retrovisor). Sorprendido por la actitud del taxista, abrió su campera (Parka) inflable color celeste y sacó su revólver. El disparo atravesó el asiento del conductor de atrás hacia delante.

El Rafa, en caliente, larga el volante del automóvil. El vehículo choca contra el cordón. Abre la puerta y atina a bajar. Era tarde. El proyectil había seguido curso y sin permiso ingresó por su espalda para despedirse por el vientre. El Rafa, atónito, con la mitad superior de su cuerpo tendido sobre el asfalto, ve al pibe tirarse hacia delante, con su mano derecha saca la billetera que quedó en el asiento del conductor (sólo tenía diez pesos en cambio).

Baja por la puerta izquierda trasera. Parado frente al Rafa, mirándolo a los ojos, le da curso al segundo disparo, al tercero, al cuarto. Cuatro orificios de entrada, cuatro de salida. Dieciséis perforaciones internas: intestino delgado, grueso, páncreas, hígado, estómago…

Jesús. Parroquia Inmaculada Concepción. Buenos Aires. Argentina. Adolfo Loyola Fotografía

El Rafa salió de la intervención quirúrgica, directo a terapia intensiva. Veinte días en estado crítico. Recibimos la noticia, un milagro: el Rafa pasa a piso. Todo era alegría. La junta médica informó que al día siguiente a las diez de la mañana lo llevarían a piso. Jamás fuimos todos tan puntuales como aquel día.

Otro golpe. No fue a piso. Estaba en el quirófano otra vez en plena pelea.
Salió perfecto. Pasó a terapia intensiva y después a intermedia. Todo parecía estar bien. Pasaron semanas que parecieron años. Estaba estable y así continuó.

ELLA (La Parka) se puso testaruda y lo mandó al quirófano otra vez. Las cosas estaban mal, muy mal. Meses de suero; el templo del espíritu, cansado por la feroz batalla, no respondía. Las paredes internas de los órganos vitales jugaron en contra, no resistían puntada alguna y toda sutura se deshacía en las manos del cirujano.

Ese día que el Rafa entró al quirófano por última vez, Don Adolfo Loyola marchó temprano, antes de la media mañana y, quien les habla, después del mediodía. Antes de ir al hospital, pasé por la Iglesia Nuestra Señora de Pompeya, en la Avenida Sáenz y la calle Esquiú, en el barrio de Pompeya. Mi padre me llevaba de niño (está a pocas cuadras del Hospital Penna).

La iglesia es como un pasillo largo, al final hay una escultura de la Virgen, que gira al salón y luego a uno mas chico ubicado detrás de ella, al que se accede por el costado derecho subiendo la escalera. Al fondo, a la izquierda, hay un ala, en ella una imagen de Jesús en la cruz, tamaño natural. Me arrodillé y oré. Desorientado en el tiempo comencé a erguirme, realicé unos pasos hacia atrás, para luego sentarme en el banco ubicado a un metro y medio mas o menos.

Mientras observaba la figura de Jesús, algo me llamó la atención, su herida en el costado derecho. Juro que era real, observé esa herida abierta (hasta la sangre era real). Su cuerpo era real como si estuviera presente en carne y hueso. Fue tal mi visión, que juro que sentí temor, me invadió todo el cuerpo. Estaba petrificado, se llenó mi ser de desesperación.

No podía creer aquello que mis ojos veían, a tal punto que sospeche haber perdido la cordura. Llegó el momento, tomé coraje. Me acerqué muy lentamente sin perder de vista su herida. Levanté la mano derecha y con mi dedo medio, muy despacio, la acaricié recorriendo su sangre de principio a fin. Rocé su rostro, sus pies, para terminar otra vez en la herida de su costado derecho. Parecían tan reales. No lo eran. Continuaba siendo una representación realizada por las manos de un artista.

Llegué al hospital. El Rafa estaba en terapia, casi ni hablaba, con sus ojos que denotaban el cansancio de las batallas cumplidas y una tenue sonrisa, nos decía sin hablar “sean felices que yo lo seré, los amo con toda mi alma”. Adiós.

La noche avanzaba. Don Adolfo Loyola decidió quedarse de guardia. Volví a casa. Golpeado por la vida, me tiré en la cama. Observaba el techo de la habitación. Pasaron horas. Recordé a mi catequista de la infancia, Argelia, que en aquel tiempo de inocencia absoluta nos enseñó lo siguiente: “Cuando alguno de ustedes tenga algún problema, tomen la Biblia y recorran con sus dedos de principio a fin. Ábranla y lean que allí Dios responderá”.
Giré mi cabeza al costado izquierdo de la cama. Abrí el primer cajón de la mesa de luz. Increíblemente ahí estaba la Biblia, era la misma que Argelia nos había entregado hacía ya muchos años. Recorrí sus hojas de principio a fin, como un abanico. La abrí. Comencé a leer.

Parroquia Inmaculada Concepción. También llamada iglesia redonda de Belgrano. Buenos Aires. Argentina. Adolfo Loyola Fotografía.

Libro de San Juan 19
31 Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne.
32 Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. 33 Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, 34. SINO QUE UNO DE LOS SOLDADOS LE ATRAVESÓ EL COSTADO CON LA LANZA, Y EN SEGUIDA BROTÓ SANGRE Y AGUA.
35 El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. 36 Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice:
No le quebrarán ninguno de sus huesos.
37 Y otro pasaje de la Escritura, dice:
Verán al que ellos mismos traspasaron.

«Un frío polar se apoderó de mí, dejé de sentir mi corazón. El mundo se hizo silencio, quedé paralizado. Me desperté a la mañana siguiente en la misma posición en la que me acosté con la Biblia en la mano, la misma página, la misma lectura, la misma imagen, la herida de Jesús. A la memoria de El Rafa, un grande, mi hermano.»

La misma receta se puede preparar al disco de arado, clásico de Argentina. Adolfo Loyola Fotografía.

LOS BIFES DEL RAFA:

INGREDIENTES:

Bifes: 4 unid. (Cuadril, con hueso – t-bone -, o paleta)
Cebollas: dos grandes.
Morrón: rojo uno grande.
Morrón: verde uno grande.
Ajos: dos dientes.
Perejil picado: un pocillo de café.
Orégano: c/n.
Vino blanco seco: una taza.
Caldo de carne: dos cubitos.
Panceta ahumada: 4 fetas.
Jamón crudo: 2 fetas
Huevos: 4 unid.
Salsa de tomate: una caja (tipo puré cica).
Laurel: Si es fresco solo 1/3 de hoja y si es seco dos hojas.
Sal: c/n
Pimienta: de molinillo c/n (recomiendo siempre la negra)
Aceite de oliva: c/n
Manteca: c/n
Fécula de maíz: c/n (Maicena)

ELABORACIÓN:

En una plancha cocinar los bifes elegidos hasta que doren y sellen bien. Reservar en una fuente. Cortar las cebollas y los morrones en fina juliana. Picar el ajo. Picar el jamón crudo y reservar. En una sartén colocar el aceite de oliva y la manteca, freír las cebollas y los morrones junto al jamón crudo, agregando la hoja de laurel. Una vez que estos ingredientes estén cocidos agregar el ajo picado y cocinar unos dos minutos. En ese momento agregar el vino blanco, los cubitos de caldo, el puré de tomates, una cucharada de perejil, y media cucharadita de café de orégano. Cocinar. Rectificar sal y pimienta. Cocinar unos minutos. Espesar con fécula de maíz.

Colocar en el fondo de una asadera grande, un fondo de salsa, por encima de ella acomodar los bifes y encima de estos el resto de la salsa. Sobre cada bife colocar una feta de panceta y cascamos un huevo. Llevamos al horno previamente caliente a 180° por un espacio de 10 a 15 minutos. El huevo debe quedar cocido.

Emplatar cada bife con cuidado, colocar un poco de salsa en un costado. Espolvorear con abundante perejil picado. Colocar la guarnición (tres rodajas por plato) y a disfrutar los aromas y sabores.

GUARNICIÓN:

Papas: 2 grandes
Hojas de albahaca fresca.

ELABORACIÓN:

Pelar las papas, cortarlas en rodajas de medio centímetro de ancho, cocinarlas en agua hirviendo con sal (10 gs. por litro de agua) agregar al agua de cocción: albahaca, tomillo, laurel y hojas verdes de puerros. Retirar y cortar la cocción en agua helada. Reservar.

Al momento de servir, en una sartén colocar aceite de oliva y manteca en partes iguales y dorar las papas. Rectificar sal y pimienta.

…“Esta receta está dedicada a la memoria de mi hermano “Rafa”, receta que el preparaba cuan oportunidad existiera debido a que la misma era una de las comidas preferida de Don Adolfo Loyola. Aprendí la misma mirando, más las explicaciones del cocinero (El Rafa) y hoy, la comparto con algún agregado personal”…

Saludos a todos mis queridos amigos! Será hasta la próxima!

Adolfo Loyola. Chef & Food Photographer. Producciones Fotográficas Gastronómicas

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