La belleza de lo sencillo, eso es la elegancia 5/5 (2)

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Los días cortos de frío, han dado paso a la suavidad y la luminosidad de la primavera y la llegada del verano.

La prosa espontánea de Luis Landero en “El balcón de invierno” nos dice:

“En cada pequeño acontecer, lo trivial y lo misterioso va a partes iguales, un gramo de alegría, un mar de olvido”.

Cuidar lo que importa y si todo va mal, si al final todo es duro, saber ser el rey de un palacio de invierno.

Nueve palabras nueve, dan paso en “Un arte de vivir”el poema  de Luis Antonio de Villena, a hastíos y emociones, tertulias y belleza. Pienso en la inmensa belleza de un credo tan minúsculo.

La compañía de los tuyos, las manos limpias, la infinita seriedad del ritual de cada mañana, el agua sobre la cara, el deslizar de la cuchilla sobre tu rostro, la tibieza de la ducha, la textura de la crema hidratante. El sonido del perfume avasallando el silencio atronador del amanecer. El cafe en la taza de cada madrugada, el olor del pan tostado, la gastronomía sencilla y la textura de los productos de siempre. La cocina existe cuando las cosas tienen el gusto de lo que son, decía Curnonski.

La camisa limpia y planchada, la horma perfecta de un zapato viejo. La belleza de las cosas usadas, moldeadas y hechas a ti, a los rincones de tu cuerpo y sin embargo, bien cuidados. Con la sabiduría del artesano, crema, cepillo y bayeta.

La rutina de la madrugada, elegida tras años. La maleta previa a la mudanza, lo que cabe ahí eres tu. Vivir es otra cosa.

La naturalidad y la sencillez, esto es la elegancia, sin necesidad de joyas ni adornos. Quizás el reloj de tu padre, la medalla de tu madre. Son joyas del alma que aún respiran.

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